21 - Abril - 2058
El diario de Alexander Lem
Ese estúpido de Carlo no para de llamarme "cerebrito", debido quizá a los libros que transporto desde una colonia a otra. Estoy cansado de él y de sus tonterías, hace bastante tiempo que le hubiera partido la cara de no ser por maestre Lagos. Siempre he seguido su consejo, y, dentro de lo que cabe, no me ha ido demasiado mal.
Bueno, hoy, 21 de Abril del año 2058 comienzo este diario. No he conseguido comenzar de una forma más ceremoniosa, pues no soy escritor, y a decir verdad ni tan siquiera sé qué escribir. De hecho, puede ser que dentro de unas semanas éstas no sean más que unas cuantas hojas quemadas, como las de todos los libros de la biblioteca Hallman, hojas muertas en libros ardiendo con las que nos cruzamos al huir de nuestra decimotercera colonia hace dos semanas.
Mi nombre es Alex, artillero, y, espero, dentro de unas semanas dejaré de ser novato. Que rápido pasa el tiempo cuando no dejas de moverte. Un año, se dice pronto, pero mucho he tenido que correr en todo este tiempo para poder seguir en pie. Prácticamente 365 días desde que puse mi pie en las frías calles para, como un borrego, ser arrastrado de un lugar a otro intentado descubrir hervideros de esos hijos de puta. Lo cierto es que maestre Lagos tiene mucha más culpa que yo de que aún conserve mi culo dentro de los pantalones. En términos coloquiales: "es una máquina". Lo he visto matar "bultos" con sus propias manos, entrar en casas atestadas de esos mamones y salir sin un solo rasguño. Sinceramente, es un ejemplo a seguir. Lamentablemente no todos tenemos las dotes que él tiene para su trabajo. No creo que haya nadie como él.
Maestre Lagos es mi tutor, y aún teniendo un tutor tan jodídamente bueno las cifras son alarmantes. Hace un año mi escuadrilla estaba formada por 13 artilleros novatos, de aquellos 13 borregos, hoy sólo quedamos 6. A pesar de lo terrorífico que pueden ser estos datos, Maestre Long los hubiera firmado de antemano, sin dudarlo. Francamente, el 50% es una cifra buena. Es una pena decirlo, pero es así. Son los tiempos que nos ha tocado vivir.
Menguamos, desaparecemos terríblemente rápido, mientras que ellos se duplican cada año. Hay muchos días en los que lo veo todo negro, en los que no encuentro una salida, en los que caigo al pozo negro de mi desesperación, ¿pero qué se puede hacer sino seguir? Supongo que la única fuerza que nos queda a muchos de nosotros es el instinto de supervivencia, y me aferraré a ello lo más fuerte que pueda, y durante todo el tiempo que un ápice de fuerza quede en mí.
Me temo que esta primera entrada en mi diario no será todo lo extensa que me hubiese gustado, es ya tarde, y mañana tenemos cacería. Creedme, no conviene tener sueño durante una de nuestras búsquedas.




