Inspiración que muere, inspiración que nace

March 21, 2006

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Es de noche, como a mí me gusta, con sólo girar la cabeza se aprecian unas bien marcadas estrellas. Este tipo de noches suelo pensar que la vida no es tan mala, que quizás… haya algo mágico ahí arriba, algo que nos cuida, algo que se preocupa de nosotros, de pequeño siempre creí en el destino, ese algo que existía y que no llegábamos a comprender, ese algo que se ocupaba de todo, sólo debíamos dejarnos llevar, y ser justos, ser buenos, ser en definidas cuentas un buen tipo, de esa manera el destino nos depararía algo bueno. “Eres un vago, y te gusta que te lo den todo masticado”, esa era la explicación de mi madre para mis… digamos, creencias, mi mujer era algo más dulce, “de pequeño viste demasiadas películas”, puede que ambas tuvieran razón, quizás me conozcan mejor que yo mismo.

“Hay noches que me quedaría aquí mirando el cielo hasta el amanecer”, le digo a mi mujer, mirándola a las ojos, que son preciosos, los más bonitos que se puedan imaginar, lo cierto es que nunca he llegado a averiguar de qué color son, puesto que en cada mirada parecen cambiar, verdes, azules, matices grises, cada día aprendo algo más de ella con tan sólo observar su mirada. Le sonrío, le cojo la mano, me encanta sentirla cerca de mí. “Hagámoslo, quedémonos esta noche aquí, hasta que amanezca” me dice, “quizás te inspire”. Quizás, quizá me inspire, pero si no lo has logrado tú, no creo que nada lo logre mi amor, lo pienso pero no se lo digo, sólo la abrazo, y disfruto del momento. Deseo que el momento sea eterno, por siempre jamás a tu lado aquí, sin preocupaciones, sin tener que regresar a la realidad, sin enfrentarme al hecho de que cuando tenía diez años menos escribía mejor, de que podía escribir párrafos enteros sin la necesidad de detenerme en cada renglón, ¿cómo puedo volver a ser el que era?.

Me cuesta pensar en ello, me cuesta admitirlo, pero la verdad es que quizá no vuelva, ¿cómo se pierde la inspiración?, no lo sé, no sé como perdí la habilidad de transmitir lo que pensaba a la hoja escrita, el hecho es que la perdí, me fue arrebatada, por algo o por alguien, me da igual, lo que realmente me importa es cómo recuperarla. Quiero que regrese, la quiero de nuevo aquí junto a mí, dándome largas noches de historias ajenas y tan propias a mí, tan mías y tan de nadie. Surgiendo de la nada hacia lo escrito, energía que nadie sabe de dónde procede y que se plasma en al papel. La nada, mente, mano, bolígrafo, papel, y es que nunca fui aficionado a las máquinas de escribir, por alguna razón siempre escribí mejor con mi puño, como los antiguos. ¿Cómo puedo hacer que regrese?, estoy demasiado cansado para luchar, nada de lo que escribo posee espíritu, quizás yo me haya quedado también sin él, y por ello no puedo contagiarle fragmentos del mío.

Llegamos al cuarto sin darme apenas cuenta, dejamos lo de ver el amanecer para los más jóvenes. Esta noche quieres algo que no puedo darte, lo siento, tengo la cabeza en mil partes al mismo tiempo, y no quiero fracasar en ninguna otra cosa.

Duerme, la escucho respirar profundamente. Confía en mí, siempre lo ha hecho, eso siempre me ha ayudado, pero ¿y ahora?, no es cuestión de confianza, hay algo que me dice que la inspiración no volverá, me abandonó, ¿la traté mal?, no sé hacer otra cosa, siempre he escrito, desde pequeño, aún mis padres no me habían obligado a hacer la comunión, y yo ya escribía mis historias. ¿Cuándo llegaste a mí por primera vez?, ¿Cuándo empecé a compartir mi alma con las letras?, eso es algo que no sé, a mi mente solo llegan algunos recuerdos de un yo más joven y más persistente vendiendo relatos a sus amigos, un muchacho que escribía sin parar, enviando novelas aquí y allá, un muchacho sonriente firmando contratos que le permitían viajar por todo el país para hacer presentaciones por doquier. ¿Por qué te fuiste? Recuerdos de noches de insomnio por no dejar de pensar en historias, en personajes, ¿He de buscarte?, aluviones de ideas que no tenían fin, diez, cien, mil al día, no había tiempo para descansar, sólo para escribir, era mi mundo, mi forma de existir, no conocí otra. ¿Así acaba todo? Quizás sea demasiado viejo para ilusionar, para crear, para hacer que cientos de personas no se sientan solas y escapen por unos instantes de sus vidas, quizás ése sea el papel de los más jóvenes, los herederos del mundo, los que llegan comiéndoselo todo. Quizá sea hora de dejar paso a los que van más deprisa. Quizá sean así como funcionan las cosas, tú apareces, inspiración, creas un genio, un mago de la palabra y cuando te cansas, vuelas en busca de otro con más energía, de algún chico como yo en su día, de algún chico que esté estudiando en este momento, de alguna chica que esté llorando y que te necesite más que yo.

Pero yo te necesito, te lo juro, te necesito tantísimo… sin ti no seré nada, me sentiré vacío, siempre te he tenido conmigo, no sabré vivir sin ti, no seré útil, no funcionaré, seré débil y viejo, haré infelices a los que más quiero, vuelve.

Me acabo de despertar, mi mujer no está a mi lado, debe haber salido, mi inspiración no ha vuelto… debe haber muerto, o quizás esté con otro, quizás esté con aquella niña que lloraba, puede que ahora ella esté escribiendo algo que debería estar escribiendo yo, no lo soporto, no lo aguanto, lloro, soy inútil.

Debo secar mis lágrimas, debo vestirme, lavarme, quiero parecer humano, no quiero ser un muerto antes de morir. El agua cae sobre mí, es relajante, ahora es un buen momento, como otro cualquiera para decidir si sigo escribiendo o no, para tomar una de las decisiones más importantes de mi vida, cambiar de profesión a mi edad, incluso sonrío, me imagino a mí mismo de dependiente en algún local de sonrisas y niños, con un sombrero ridículo, atiborrando a obesos con más hamburguesas, sirviendo bebidas, vuelvo a sonreír, soy un chiste con patas, el estar desnudo me hace aún más patético. No, así no acabaré, tengo dinero ahorrado, no fui tonto, acabaré editando o corrigiendo, o quemándome definitivamente con algunas novelas más, alargando mis últimas fuerzas, forzando a mi puño a agarrar de nuevo aquella espada de tinta, que tanto se ha vuelto contra mí en estos últimos años.

Salgo al salón, debo desayunar algo, ayer no cené demasiado, y mi estómago empieza a rugir, ojalá fuera tan sencillo alimentar la inspiración como es alimentarte a ti. Agarro lo primero que veo, un trozo de queso, no es muy apropiado para estas horas del día, pero me da igual, lo pongo encima de la mesa que hace pocos meses no me gustaba, la habían elegido ellas, como el resto de muebles, ellas saben de estas cosas más que yo, con el tiempo he empezado a cogerle cariño, después de todo hasta la maldita mesa es más útil que yo.

Escucho una puerta, procede de la habitación de mi hija. Aparece, con el pelo enmarañado, me besa, le sonrío, es preciosa, mi mejor novela, se parece mucho a su madre, pero es algo más rubia. “Buenos días papá”, me dice, “buenos días Paula, ¿has dormido bien?”, me siento delante de la mesa, el pan es de ayer, luego saldré a por algo, mi hija lleva ropa de deporte y trae consigo algo en la mano, puede que hoy vuelva a jugar al tenis con aquella amiga suya de las gafas, no recuerdo su nombre. “No, bueno, no al principio, estuve llorando”, la miro, me olvido del queso y del hambre, “¿por qué?”, pregunto preocupadamente, “eso no importa papá”, me responde con una sonrisa, mordiéndose el labio inferior, su mirada parece avergonzada, “después se me pasó, me levanté de la cama y me puse a escribir, mira” dijo, lanzándome lo que llevaba en la mano, una pequeña carpeta, “he escrito un relato entero, no podía dejar de escribir, nunca me había pasado antes, ¿quién sabe?, quizás haya heredado tu habilidad, quizás me dedique a esto”, me quedo perplejo, ella me mira con felicidad, no para de sonreír, se levanta, “por favor, échale un ojo, ya me dirás que piensas, voy a jugar al tenis con Marla, me llevo tu queso, gracias” con andares traviesos desaparece de mi vista, canturreando una melodía que no conozco. Al rato, reacciono, abro la carpeta y leo su relato, el relato de mi hija, y cuando termino noto como una lágrima corre por mi mejilla izquierda, la borro con mi mano.

“De acuerdo, quédate con ella”, miro hacia el plato que contenía el queso y que ahora está vacío, sonrío, “como dije, dejaré paso a los que llegan comiéndoselo todo”.

 

Este relato participó en el primer concurso de relato breve de El país literario.

24-Abril-2058

El diario de Alexander Lem

Desearía haber ido al funeral de Maestre Ayose, aunque a decir verdad el funeral no es un evento que me agrade demasiado, y no sólo por las razones obvias (para asistir a uno alguien debe morir). No soy demasiado social en ese tipo de acontecimientos, cuando murieron mis padres y mi hermana escapé, huí donde nadie pudo encontrarme, y allí luché contra lo que me dolía, durante más tiempo del que me gusta admitir. Lloré, lloré como nunca había llorado y como nunca espero volver a llorar, y cuando no me quedaban más lágrimas, me forcé a seguir llorando para sacarlo todo de mí. Aquellos días conocí lo peor de mí. Desplegué facetas de mi personalidad que nunca quiero volver a encontrarme. Y pensé, sobre todo pensé, en miles de cosas, tonterías la mayoría. Todos mis pensamientos derivaban en lo mismo, la venganza. Respiraba venganza, soñaba con la venganza, me acostaba y levantaba pensando en ella, no existía un poro de mi piel que no anhelara venganza, y aún no sé hoy día, cómo pude retenerme en aquel lugar, físico y mental, que me consumía poco a poco, cómo logré no escapar de allí, y perder mi vida en un loco intento de saciar mi sed de sangre.
De aquellos días poco queda, sólo recuerdos que me hacen temblar en las locuras que pude haber cometido. Sería un mentiroso si dijera que pude borrarlo todo, en absoluto, no pude. En el día de más oscuridad, agarré una piedra afilada, y con ella me grabé en el antebrazo la letra "V". La venganza es una energía tan poderosa, que estoy seguro que algún día podré recurrir a ella, y lograr salir de algún apuro, pero tengo miedo de en qué me puedo convertir si la utilizo.
Espero que Yaiza pueda superarlo de una manera diferente a la mía. No se la recomiendo a nadie. Cada vez que veo la cicatriz de mi antebrazo se me hiela la sangre, y espasmos recorren todo mi cuerpo.
Esta noche la estamos pasando a la intemperie, no es la primera vez que lo hacemos, y en cierto modo me gusta, salvo cuando somos atacados, claro está, pero eso ha ocurrido pocas veces. Llevamos una racha demasiado buena, hace bastante que no nos encontramos con ningún bulto.
Fue el mismísimo Maestre Lagos quien nos despertó esta mañana, con su peculiar “patada en las taquillas”. Definitivamente prefiero despertarme con el sonido de la lluvia. “Misión de reconocimiento” fue gritando entre patada y patada. No tuvimos más de cinco minutos para vestirnos y desayunar (los que pudieron). Con el tiempo hemos ido conociendo los hábitos de Lagos. Día posterior a muertes significa en su idioma: reconocimiento exhaustivo de una zona en la que no deberíamos estar. Y no falla, con los pesados macutos en las espaldas (lo cual simboliza una caminata extremadamente larga o bien una noche fuera de la base) salimos a paso ligero. Busqué a Yaiza con la mirada por todas partes, pero no di con ella, lo cual era lo más lógico, después de todo, jamás la había visto con anterioridad por la base, y como es normal, el día del funeral de su padre tendría muchas cosas que hacer.
Maestre Lagos permitió que parásemos una hora y cuarto después, en un barrizal (no pudo encontrar lugar peor, sinceramente, aquel sitio apestaba a huevos podridos). Como es ya costumbre, él desapareció para echar un vistazo por el terreno, mientras que todos nosotros aprovechamos para descansar. Soria y yo encontramos un tronco que no estaba podrido del todo, y allí nos sentamos. Gordo y David se alejaron para vaciar sus vejigas, supongo, Taggar se tumbó en una piedra grande y plana para recuperar la respiración, y Liendre (el compañero más pesado que he tenido jamás) se quedó de pie, escrutando el entorno.
Nunca he escrito sobre ellos, sobre los que quedan, y este es tan buen momento como cualquier otro. Soria, David, Gordo, Liendre y Taggar. Lo cierto es que tuve bastante suerte de caer en un grupo como éste. Un buen tutor, y unos buenos compañeros. No quiero ni imaginarme en el grupo del Maestre Danzer.
Soria es un buen tipo, supongo que es mi mejor amigo, es el típico payaso que cada grupo tiene. Cuando está presente hay que tener cuidado con lo que dices, de lo contrario hará algún comentario chistoso sobre ello, y acabarán todos riéndose de ti. Creo que soy una de las únicas personas que saben por qué se metió en la FAD, aunque se tomó su tiempo para confiármelo. Soria estaba prometido, uno de esos romances que duran desde la escuela. Ella se llamaba Laura, y eran vecinos, según él mismo, se enamoró de ella mucho antes de que tuviera memoria. No estoy seguro de poder recordarlo exactamente, pero creo que fue así como me dijo: “No recuerdo ni un instante de mi vida en el que no estuviera enamorado de ella, por mucho que intente retroceder, no lo consigo, crecí amándola, y era lo único que sabía hacer bien, hasta que esos hijos de puta me la arrebataron”. Un buen día, Soria y Laura salieron de la colonia, que por aquel entonces era muchísimo más grande. Hicieron un gran trayecto en moto, ni Laura ni él habían visto nunca el mar, y confiaban en poder verlo y regresar sin ningún tipo de contratiempos. La primera noche, se detuvieron en una pequeña casa abandonada que parecía bastante segura, pero que realmente no lo era, mientras dormían los “bultos” entraron y llegaron al dormitorio sin hacer prácticamente ningún ruido. Mataron a Laura, y él salvó la vida de milagro, un grupo en prácticas pasaba la noche cerca y escucharon los disparos del revolver de Soria. Antes de que el grupo llegara, Soria pudo matar a ocho de esos malditos hijos de perra, sólo le quedaban cuatro balas más. Aquel viaje fue el acto más imprudente de su vida, y el más estúpido. Si aquello no hubiera sucedido, se hubieran casado un mes más tarde. Muchas mañanas al despertarme escucho a mi mejor amigo hablar en sueños, llama a Laura. Escucharlo me hace sentir enormemente desdichado, no quiero ni tan siquiera pensar cómo debe sentirse él.
Gordo es un tipo bastante simpático, siempre está con una sonrisa en la cara, sus motivos para alistarse en la FAD son bastante diferentes a los de Soria. Gordo no tenía elección. Su padre es el maestre Harlan, un tipo bastante serio. Se dice que su familia lleva unida al ejército desde hace muchas generaciones. El padre de Gordo apañó su ingreso en el grupo de maestre Lagos, se rumorea que piensa que en este grupo está más seguro que en el suyo propio. No sé si realmente éste es el sitio en el que Gordo quiere estar, no obstante no lo hace nada mal, por lo visto lo lleva en los genes.
David a priori es un tipo bastante serio, sensato e incluso me atrevería a decir que modoso, pero nada más lejos de la realidad, al menos cuando se le conoce de verdad. David viene de una familia de agricultores, según sus propias palabras está en esto porque no hay ninguna otra cosa que realmente se pueda hacer actualmente, “esto es la realidad, esto es lo que hay que hacer, si nos dedicamos a cualquier otra cosa estamos dando de lado al verdadero y único problema”, estoy de acuerdo con él, pero sólo en parte. Tiene una puntería de mil demonios, dispara a un nivel muy superior al del resto.
La historia de Taggar es bastante triste, aunque no muy extensa. Era un bebé cuando los “bultos” atacaron su hogar, durante la lucha todo se prendió fuego, y estuvo a punto de morir calcinado, su padre, con su último aliento de vida logró ponerlo a salvo, aunque no del todo, puesto que tiene todo el cuerpo de cuello hacia abajo lleno de horribles quemaduras. Fue puesto en custodia en el orfanato - escuela de la academia de la FAD. Cuando cumplió los 16 años se le dio la opción de seguir en la academia, y él la acogió. Nunca ha tenido muchos amigos, y por su actitud, diría que le trae sin cuidado. Es poco hablador, no suele empezar conversaciones. Pero por lo que realmente Taggar llama la atención es por su fuerza física, sería capaz de levantar el tronco en el que nos sentamos esta mañana Soria y yo, con nosotros encima.
Por último tenemos a Liendre, a Roberto Liendre, el tipo más pesado que me haya echado jamás a la cara. Es prácticamente imposible cerrarle la boca, no escucharlo durante veinte segundos es un regalo del cielo. En muchas ocasiones el maestre Lagos ha dicho que es un milagro que aún siga con vida, pues su parloteo se escucha a kilómetros de distancia. Preguntarle por qué se encuentra en la FAD equivale a un suicidio, podría estar dándote razones durante días, y jamás terminar. Se le ha llegado a escuchar que su ingreso en la FAD viene motivado por: un tío fallecido suyo, aportar ayuda a la comunidad, buscar un lugar seguro para los hijos de nuestros hijos, volver al mirar al cielo con esperanza, y un largo etcétera. No es mal muchacho, en absoluto, sólo que equivocó la profesión, debería haber pululado por la rama de la política.
Éstos son los que quedan, pero compartieron el lecho con nosotros muchos otros, algunos a los que no llegué casi a conocer, y otros a los que sí, quizás otro día escriba algo sobre ellos.
Después de dejar nuestra improvisada base, en el lugar de la quintaesencia del barro, anduvimos durante varias hora más, no podría precisar cuántas, el dolor que me produce el acarrear el equipo reglamentario me hace olvidarlo todo, y sólo puedo pensar en insultos y en sacar fuerzas de la nada. Afortunadamente no hubo incidentes. Llegamos a una especie de pueblo abandonado hace mucho. Siempre me han resultado especialmente tétricas las calles de las ciudades abandonadas, y me consta que no soy el único que piensa así, la cara de Liendre era un poema al andar por aquellos callejones, cuando siente miedo es el único momento en el que permanece callado, lo cual es de agradecer, si no fuera porque yo también lo siento. No sabría especificar qué es lo que prefiero, si sentir miedo, o que se calle. Cuando Maestre Lagos encontró un lugar adecuado nos situamos para pasar la noche. Y aquí estamos, la primera y la última guardia siempre la hace Maestre Lagos, nunca duerme, quizás lo prefiera así, quizás le atormente algo. Me gustaría conocer también su historia, me gustaría ir hacía él y entablar una conversación, pero me mandaría de vuelta al nicho a las primeras de cambio. Sin darme cuenta se han quedado todos dormidos menos yo, ¿qué pensará Maestre Lagos al verme escribiendo hasta tan tarde?, espero que no piense que soy una especie de empollón o algo así.
Mañana será otro día.