Inspiración que muere, inspiración que nace
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Es de noche, como a mí me gusta, con sólo girar la cabeza se aprecian unas bien marcadas estrellas. Este tipo de noches suelo pensar que la vida no es tan mala, que quizás… haya algo mágico ahí arriba, algo que nos cuida, algo que se preocupa de nosotros, de pequeño siempre creí en el destino, ese algo que existía y que no llegábamos a comprender, ese algo que se ocupaba de todo, sólo debíamos dejarnos llevar, y ser justos, ser buenos, ser en definidas cuentas un buen tipo, de esa manera el destino nos depararía algo bueno. “Eres un vago, y te gusta que te lo den todo masticado”, esa era la explicación de mi madre para mis… digamos, creencias, mi mujer era algo más dulce, “de pequeño viste demasiadas películas”, puede que ambas tuvieran razón, quizás me conozcan mejor que yo mismo.
“Hay noches que me quedaría aquí mirando el cielo hasta el amanecer”, le digo a mi mujer, mirándola a las ojos, que son preciosos, los más bonitos que se puedan imaginar, lo cierto es que nunca he llegado a averiguar de qué color son, puesto que en cada mirada parecen cambiar, verdes, azules, matices grises, cada día aprendo algo más de ella con tan sólo observar su mirada. Le sonrío, le cojo la mano, me encanta sentirla cerca de mí. “Hagámoslo, quedémonos esta noche aquí, hasta que amanezca” me dice, “quizás te inspire”. Quizás, quizá me inspire, pero si no lo has logrado tú, no creo que nada lo logre mi amor, lo pienso pero no se lo digo, sólo la abrazo, y disfruto del momento. Deseo que el momento sea eterno, por siempre jamás a tu lado aquí, sin preocupaciones, sin tener que regresar a la realidad, sin enfrentarme al hecho de que cuando tenía diez años menos escribía mejor, de que podía escribir párrafos enteros sin la necesidad de detenerme en cada renglón, ¿cómo puedo volver a ser el que era?.
Me cuesta pensar en ello, me cuesta admitirlo, pero la verdad es que quizá no vuelva, ¿cómo se pierde la inspiración?, no lo sé, no sé como perdí la habilidad de transmitir lo que pensaba a la hoja escrita, el hecho es que la perdí, me fue arrebatada, por algo o por alguien, me da igual, lo que realmente me importa es cómo recuperarla. Quiero que regrese, la quiero de nuevo aquí junto a mí, dándome largas noches de historias ajenas y tan propias a mí, tan mías y tan de nadie. Surgiendo de la nada hacia lo escrito, energía que nadie sabe de dónde procede y que se plasma en al papel. La nada, mente, mano, bolígrafo, papel, y es que nunca fui aficionado a las máquinas de escribir, por alguna razón siempre escribí mejor con mi puño, como los antiguos. ¿Cómo puedo hacer que regrese?, estoy demasiado cansado para luchar, nada de lo que escribo posee espíritu, quizás yo me haya quedado también sin él, y por ello no puedo contagiarle fragmentos del mío.
Llegamos al cuarto sin darme apenas cuenta, dejamos lo de ver el amanecer para los más jóvenes. Esta noche quieres algo que no puedo darte, lo siento, tengo la cabeza en mil partes al mismo tiempo, y no quiero fracasar en ninguna otra cosa.
Duerme, la escucho respirar profundamente. Confía en mí, siempre lo ha hecho, eso siempre me ha ayudado, pero ¿y ahora?, no es cuestión de confianza, hay algo que me dice que la inspiración no volverá, me abandonó, ¿la traté mal?, no sé hacer otra cosa, siempre he escrito, desde pequeño, aún mis padres no me habían obligado a hacer la comunión, y yo ya escribía mis historias. ¿Cuándo llegaste a mí por primera vez?, ¿Cuándo empecé a compartir mi alma con las letras?, eso es algo que no sé, a mi mente solo llegan algunos recuerdos de un yo más joven y más persistente vendiendo relatos a sus amigos, un muchacho que escribía sin parar, enviando novelas aquí y allá, un muchacho sonriente firmando contratos que le permitían viajar por todo el país para hacer presentaciones por doquier. ¿Por qué te fuiste? Recuerdos de noches de insomnio por no dejar de pensar en historias, en personajes, ¿He de buscarte?, aluviones de ideas que no tenían fin, diez, cien, mil al día, no había tiempo para descansar, sólo para escribir, era mi mundo, mi forma de existir, no conocí otra. ¿Así acaba todo? Quizás sea demasiado viejo para ilusionar, para crear, para hacer que cientos de personas no se sientan solas y escapen por unos instantes de sus vidas, quizás ése sea el papel de los más jóvenes, los herederos del mundo, los que llegan comiéndoselo todo. Quizá sea hora de dejar paso a los que van más deprisa. Quizá sean así como funcionan las cosas, tú apareces, inspiración, creas un genio, un mago de la palabra y cuando te cansas, vuelas en busca de otro con más energía, de algún chico como yo en su día, de algún chico que esté estudiando en este momento, de alguna chica que esté llorando y que te necesite más que yo.
Pero yo te necesito, te lo juro, te necesito tantísimo… sin ti no seré nada, me sentiré vacío, siempre te he tenido conmigo, no sabré vivir sin ti, no seré útil, no funcionaré, seré débil y viejo, haré infelices a los que más quiero, vuelve.
Me acabo de despertar, mi mujer no está a mi lado, debe haber salido, mi inspiración no ha vuelto… debe haber muerto, o quizás esté con otro, quizás esté con aquella niña que lloraba, puede que ahora ella esté escribiendo algo que debería estar escribiendo yo, no lo soporto, no lo aguanto, lloro, soy inútil.
Debo secar mis lágrimas, debo vestirme, lavarme, quiero parecer humano, no quiero ser un muerto antes de morir. El agua cae sobre mí, es relajante, ahora es un buen momento, como otro cualquiera para decidir si sigo escribiendo o no, para tomar una de las decisiones más importantes de mi vida, cambiar de profesión a mi edad, incluso sonrío, me imagino a mí mismo de dependiente en algún local de sonrisas y niños, con un sombrero ridículo, atiborrando a obesos con más hamburguesas, sirviendo bebidas, vuelvo a sonreír, soy un chiste con patas, el estar desnudo me hace aún más patético. No, así no acabaré, tengo dinero ahorrado, no fui tonto, acabaré editando o corrigiendo, o quemándome definitivamente con algunas novelas más, alargando mis últimas fuerzas, forzando a mi puño a agarrar de nuevo aquella espada de tinta, que tanto se ha vuelto contra mí en estos últimos años.
Salgo al salón, debo desayunar algo, ayer no cené demasiado, y mi estómago empieza a rugir, ojalá fuera tan sencillo alimentar la inspiración como es alimentarte a ti. Agarro lo primero que veo, un trozo de queso, no es muy apropiado para estas horas del día, pero me da igual, lo pongo encima de la mesa que hace pocos meses no me gustaba, la habían elegido ellas, como el resto de muebles, ellas saben de estas cosas más que yo, con el tiempo he empezado a cogerle cariño, después de todo hasta la maldita mesa es más útil que yo.
Escucho una puerta, procede de la habitación de mi hija. Aparece, con el pelo enmarañado, me besa, le sonrío, es preciosa, mi mejor novela, se parece mucho a su madre, pero es algo más rubia. “Buenos días papá”, me dice, “buenos días Paula, ¿has dormido bien?”, me siento delante de la mesa, el pan es de ayer, luego saldré a por algo, mi hija lleva ropa de deporte y trae consigo algo en la mano, puede que hoy vuelva a jugar al tenis con aquella amiga suya de las gafas, no recuerdo su nombre. “No, bueno, no al principio, estuve llorando”, la miro, me olvido del queso y del hambre, “¿por qué?”, pregunto preocupadamente, “eso no importa papá”, me responde con una sonrisa, mordiéndose el labio inferior, su mirada parece avergonzada, “después se me pasó, me levanté de la cama y me puse a escribir, mira” dijo, lanzándome lo que llevaba en la mano, una pequeña carpeta, “he escrito un relato entero, no podía dejar de escribir, nunca me había pasado antes, ¿quién sabe?, quizás haya heredado tu habilidad, quizás me dedique a esto”, me quedo perplejo, ella me mira con felicidad, no para de sonreír, se levanta, “por favor, échale un ojo, ya me dirás que piensas, voy a jugar al tenis con Marla, me llevo tu queso, gracias” con andares traviesos desaparece de mi vista, canturreando una melodía que no conozco. Al rato, reacciono, abro la carpeta y leo su relato, el relato de mi hija, y cuando termino noto como una lágrima corre por mi mejilla izquierda, la borro con mi mano.
“De acuerdo, quédate con ella”, miro hacia el plato que contenía el queso y que ahora está vacío, sonrío, “como dije, dejaré paso a los que llegan comiéndoselo todo”.
Este relato participó en el primer concurso de relato breve de El país literario.





Una de las mejores historias tuyas que he leido, aunque no la única, espero que las muchas otras que comienzas tengan un fín, para deleitarnos con esas fantásticas historias a todos los que te queremos y te apoyamos
Comment by cristina — March 21, 2006 @ 6:52 pm
Tú si que escribes cosas bonitas!
Comment by Administrator — March 21, 2006 @ 6:57 pm
Pues he de decir que estoy plenamente de acuerdo con Cristina. Esta es una de las mejores historias leidas por mí y escritas por Ti. Sé que algún día acabarás triunfando, por que lo vales y por que lo mereces. Sigue así, no cambies nunca
Comment by Mystra — March 24, 2006 @ 8:54 pm
Yo te apoyo más todavía, ala. Y sí, es por interés personal. ¡¡porque tengo ganas de ver qué pasa!!! ¿Cómo sigue la historia? :O . No tardes en continuar eh.
Comment by Franchan — April 13, 2006 @ 2:58 am
Ánimo y sigue con la historia. Por cierto, muy bueno este relato. Ya te lo había dicho antes, pero insisto: realmente bueno.
Comment by AleRom — April 20, 2006 @ 3:48 pm