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	<title>Un diario de hojas muertas</title>
	<link>http://hojasmuertas.blogsome.com</link>
	<description>Ficción Zombies</description>
	<pubDate>Wed, 29 Mar 2006 11:27:41 +0000</pubDate>
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		<title>Inspiración que muere, inspiración que nace</title>
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		<pubDate>Tue, 21 Mar 2006 16:18:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Administrator</dc:creator>
		
	<category>Otros relatos</category>
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		<description><![CDATA[	Otros Relatos
	Es de noche, como a mí me gusta, con sólo girar la cabeza se aprecian unas bien marcadas estrellas. Este tipo de noches suelo pensar que la vida no es tan mala, que quizás&hellip; haya algo mágico ahí arriba, algo que nos cuida, algo que se preocupa de nosotros, de peque&ntilde;o siempre creí en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p><strong><em><font color="#ff0033">Otros Relatos</font></em></strong></p>
	<p>Es de noche, como a mí me gusta, con sólo girar la cabeza se aprecian unas bien marcadas estrellas. Este tipo de noches suelo pensar que la vida no es tan mala, que quizás&hellip; haya algo mágico ahí arriba, algo que nos cuida, algo que se preocupa de nosotros, de peque&ntilde;o siempre creí en el destino, ese algo que existía y que no llegábamos a comprender, ese algo que se ocupaba de todo, sólo debíamos dejarnos llevar, y ser justos, ser buenos, ser en definidas cuentas un buen tipo, de esa manera el destino nos depararía algo bueno. &ldquo;Eres un vago, y te gusta que te lo den todo masticado&rdquo;, esa era la explicación de mi madre para mis&hellip; digamos, creencias, mi mujer era algo más dulce, &ldquo;de peque&ntilde;o viste demasiadas películas&rdquo;, puede que ambas tuvieran razón, quizás me conozcan mejor que yo mismo.</p>
	<p>&ldquo;Hay noches que me quedaría aquí mirando el cielo hasta el amanecer&rdquo;, le digo a mi mujer, mirándola a las ojos, que son preciosos, los más bonitos que se puedan imaginar, lo cierto es que nunca he llegado a averiguar de qué color son, puesto que en cada mirada parecen cambiar, verdes, azules, matices grises, cada día aprendo algo más de ella con tan sólo observar su mirada. Le sonrío, le cojo la mano, me encanta sentirla cerca de mí. &ldquo;Hagámoslo, quedémonos esta noche aquí, hasta que amanezca&rdquo; me dice, &ldquo;quizás te inspire&rdquo;. Quizás, quizá me inspire, pero si no lo has logrado tú, no creo que nada lo logre mi amor, lo pienso pero no se lo digo, sólo la abrazo, y disfruto del momento. Deseo que el momento sea eterno, por siempre jamás a tu lado aquí, sin preocupaciones, sin tener que regresar a la realidad, sin enfrentarme al hecho de que cuando tenía diez a&ntilde;os menos escribía mejor, de que podía escribir párrafos enteros sin la necesidad de detenerme en cada renglón, &iquest;cómo puedo volver a ser el que era?.</p>
	<p>Me cuesta pensar en ello, me cuesta admitirlo, pero la verdad es que quizá no vuelva, &iquest;cómo se pierde la inspiración?, no lo sé, no sé como perdí la habilidad de transmitir lo que pensaba a la hoja escrita, el hecho es que la perdí, me fue arrebatada, por algo o por alguien, me da igual, lo que realmente me importa es cómo recuperarla. Quiero que regrese, la quiero de nuevo aquí junto a mí, dándome largas noches de historias ajenas y tan propias a mí, tan mías y tan de nadie. Surgiendo de la nada hacia lo escrito, energía que nadie sabe de dónde procede y que se plasma en al papel. La nada, mente, mano, bolígrafo, papel, y es que nunca fui aficionado a las máquinas de escribir, por alguna razón siempre escribí mejor con mi pu&ntilde;o, como los antiguos. &iquest;Cómo puedo hacer que regrese?, estoy demasiado cansado para luchar, nada de lo que escribo posee espíritu, quizás yo me haya quedado también sin él, y por ello no puedo contagiarle fragmentos del mío.</p>
	<p>Llegamos al cuarto sin darme apenas cuenta, dejamos lo de ver el amanecer para los más jóvenes. Esta noche quieres algo que no puedo darte, lo siento, tengo la cabeza en mil partes al mismo tiempo, y no quiero fracasar en ninguna otra cosa.</p>
	<p>Duerme, la escucho respirar profundamente. Confía en mí, siempre lo ha hecho, eso siempre me ha ayudado, pero &iquest;y ahora?, no es cuestión de confianza, hay algo que me dice que la inspiración no volverá, me abandonó, &iquest;la traté mal?, no sé hacer otra cosa, siempre he escrito, desde peque&ntilde;o, aún mis padres no me habían obligado a hacer la comunión, y yo ya escribía mis historias. &iquest;Cuándo llegaste a mí por primera vez?, &iquest;Cuándo empecé a compartir mi alma con las letras?, eso es algo que no sé, a mi mente solo llegan algunos recuerdos de un yo más joven y más persistente vendiendo relatos a sus amigos, un muchacho que escribía sin parar, enviando novelas aquí y allá, un muchacho sonriente firmando contratos que le permitían viajar por todo el país para hacer presentaciones por doquier. &iquest;Por qué te fuiste? Recuerdos de noches de insomnio por no dejar de pensar en historias, en personajes, &iquest;He de buscarte?, aluviones de ideas que no tenían fin, diez, cien, mil al día, no había tiempo para descansar, sólo para escribir, era mi mundo, mi forma de existir, no conocí otra. &iquest;Así acaba todo? Quizás sea demasiado viejo para ilusionar, para crear, para hacer que cientos de personas no se sientan solas y escapen por unos instantes de sus vidas, quizás ése sea el papel de los más jóvenes, los herederos del mundo, los que llegan comiéndoselo todo. Quizá sea hora de dejar paso a los que van más deprisa. Quizá sean así como funcionan las cosas, tú apareces, inspiración, creas un genio, un mago de la palabra y cuando te cansas, vuelas en busca de otro con más energía, de algún chico como yo en su día, de algún chico que esté estudiando en este momento, de alguna chica que esté llorando y que te necesite más que yo.</p>
	<p>Pero yo te necesito, te lo juro, te necesito tantísimo&hellip; sin ti no seré nada, me sentiré vacío, siempre te he tenido conmigo, no sabré vivir sin ti, no seré útil, no funcionaré, seré débil y viejo, haré infelices a los que más quiero, vuelve.</p>
	<p>Me acabo de despertar, mi mujer no está a mi lado, debe haber salido, mi inspiración no ha vuelto&hellip; debe haber muerto, o quizás esté con otro, quizás esté con aquella ni&ntilde;a que lloraba, puede que ahora ella esté escribiendo algo que debería estar escribiendo yo, no lo soporto, no lo aguanto, lloro, soy inútil.</p>
	<p>Debo secar mis lágrimas, debo vestirme, lavarme, quiero parecer humano, no quiero ser un muerto antes de morir. El agua cae sobre mí, es relajante, ahora es un buen momento, como otro cualquiera para decidir si sigo escribiendo o no, para tomar una de las decisiones más importantes de mi vida, cambiar de profesión a mi edad, incluso sonrío, me imagino a mí mismo de dependiente en algún local de sonrisas y ni&ntilde;os, con un sombrero ridículo, atiborrando a obesos con más hamburguesas, sirviendo bebidas, vuelvo a sonreír, soy un chiste con patas, el estar desnudo me hace aún más patético. No, así no acabaré, tengo dinero ahorrado, no fui tonto, acabaré editando o corrigiendo, o quemándome definitivamente con algunas novelas más, alargando mis últimas fuerzas, forzando a mi pu&ntilde;o a agarrar de nuevo aquella espada de tinta, que tanto se ha vuelto contra mí en estos últimos a&ntilde;os.</p>
	<p>Salgo al salón, debo desayunar algo, ayer no cené demasiado, y mi estómago empieza a rugir, ojalá fuera tan sencillo alimentar la inspiración como es alimentarte a ti. Agarro lo primero que veo, un trozo de queso, no es muy apropiado para estas horas del día, pero me da igual, lo pongo encima de la mesa que hace pocos meses no me gustaba, la habían elegido ellas, como el resto de muebles, ellas saben de estas cosas más que yo, con el tiempo he empezado a cogerle cari&ntilde;o, después de todo hasta la maldita mesa es más útil que yo.</p>
	<p>Escucho una puerta, procede de la habitación de mi hija. Aparece, con el pelo enmara&ntilde;ado, me besa, le sonrío, es preciosa, mi mejor novela, se parece mucho a su madre, pero es algo más rubia. &ldquo;Buenos días papá&rdquo;, me dice, &ldquo;buenos días Paula, &iquest;has dormido bien?&rdquo;, me siento delante de la mesa, el pan es de ayer, luego saldré a por algo, mi hija lleva ropa de deporte y trae consigo algo en la mano, puede que hoy vuelva a jugar al tenis con aquella amiga suya de las gafas, no recuerdo su nombre. &ldquo;No, bueno, no al principio, estuve llorando&rdquo;, la miro, me olvido del queso y del hambre, &ldquo;&iquest;por qué?&rdquo;, pregunto preocupadamente, &ldquo;eso no importa papá&rdquo;, me responde con una sonrisa, mordiéndose el labio inferior, su mirada parece avergonzada, &ldquo;después se me pasó, me levanté de la cama y me puse a escribir, mira&rdquo; dijo, lanzándome lo que llevaba en la mano, una peque&ntilde;a carpeta, &ldquo;he escrito un relato entero, no podía dejar de escribir, nunca me había pasado antes, &iquest;quién sabe?, quizás haya heredado tu habilidad, quizás me dedique a esto&rdquo;, me quedo perplejo, ella me mira con felicidad, no para de sonreír, se levanta, &ldquo;por favor, échale un ojo, ya me dirás que piensas, voy a jugar al tenis con Marla, me llevo tu queso, gracias&rdquo; con andares traviesos desaparece de mi vista, canturreando una melodía que no conozco. Al rato, reacciono, abro la carpeta y leo su relato, el relato de mi hija, y cuando termino noto como una lágrima corre por mi mejilla izquierda, la borro con mi mano.</p>
	<p>&ldquo;De acuerdo, quédate con ella&rdquo;, miro hacia el plato que contenía el queso y que ahora está vacío, sonrío, &ldquo;como dije, dejaré paso a los que llegan comiéndoselo todo&rdquo;.</p>
	<p>&nbsp;</p>
	<p><strong><em>Este relato participó en el primer concurso de relato breve de El país literario.</em></strong></p>
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		<title>24-Abril-2058</title>
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		<pubDate>Tue, 21 Mar 2006 02:46:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Administrator</dc:creator>
		
	<category>El diario de Alexander Lem</category>
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		<description><![CDATA[	El diario de Alexander Lem
	Desearía haber ido al funeral de Maestre Ayose, aunque a decir verdad el funeral no es un evento que me agrade demasiado, y no sólo por las razones obvias (para asistir a uno alguien debe morir). No soy demasiado social en ese tipo de acontecimientos, cuando murieron mis padres y mi [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p><strong><em><font color="#ff0033">El diario de Alexander Lem</font></em></strong></p>
	<p>Desearía haber ido al funeral de <strong>Maestre Ayose</strong>, aunque a decir verdad el funeral no es un evento que me agrade demasiado, y no sólo por las razones obvias (para asistir a uno alguien debe morir). No soy demasiado social en ese tipo de acontecimientos, cuando murieron mis padres y mi hermana escapé, huí donde nadie pudo encontrarme, y allí luché contra lo que me dolía, durante más tiempo del que me gusta admitir. Lloré, lloré como nunca había llorado y como nunca espero volver a llorar, y cuando no me quedaban más lágrimas, me forcé a seguir llorando para sacarlo todo de mí. Aquellos días conocí lo peor de mí. Desplegué facetas de mi personalidad que nunca quiero volver a encontrarme. Y pensé, sobre todo pensé, en miles de cosas, tonterías la mayoría. Todos mis pensamientos derivaban en lo mismo, la venganza. Respiraba venganza, so&ntilde;aba con la venganza, me acostaba y levantaba pensando en ella, no existía un poro de mi piel que no anhelara venganza, y aún no sé hoy día, cómo pude retenerme en aquel lugar, físico y mental, que me consumía poco a poco, cómo logré no escapar de allí, y perder mi vida en un loco intento de saciar mi sed de sangre.<br />De aquellos días poco queda, sólo recuerdos que me hacen temblar en las locuras que pude haber cometido. Sería un mentiroso si dijera que pude borrarlo todo, en absoluto, no pude. En el día de más oscuridad, agarré una piedra afilada, y con ella me grabé en el antebrazo la letra &quot;V&quot;. La venganza es una energía tan poderosa, que estoy seguro que algún día podré recurrir a ella, y lograr salir de algún apuro, pero tengo miedo de en qué me puedo convertir si la utilizo.<br />Espero que <strong>Yaiza</strong> pueda superarlo de una manera diferente a la mía. No se la recomiendo a nadie. Cada vez que veo la cicatriz de mi antebrazo se me hiela la sangre, y espasmos recorren todo mi cuerpo.<br />Esta noche la estamos pasando a la intemperie, no es la primera vez que lo hacemos, y en cierto modo me gusta, salvo cuando somos atacados, claro está, pero eso ha ocurrido pocas veces. Llevamos una racha demasiado buena, hace bastante que no nos encontramos con ningún bulto.<br />Fue el mismísimo <strong>Maestre Lagos</strong> quien nos despertó esta ma&ntilde;ana, con su peculiar &ldquo;patada en las taquillas&rdquo;. Definitivamente prefiero despertarme con el sonido de la lluvia. &ldquo;Misión de reconocimiento&rdquo; fue gritando entre patada y patada. No tuvimos más de cinco minutos para vestirnos y desayunar (los que pudieron). Con el tiempo hemos ido conociendo los hábitos de <strong>Lagos</strong>. Día posterior a muertes significa en su idioma: reconocimiento exhaustivo de una zona en la que no deberíamos estar. Y no falla, con los pesados macutos en las espaldas (lo cual simboliza una caminata extremadamente larga o bien una noche fuera de la base) salimos a paso ligero. Busqué a <strong>Yaiza</strong> con la mirada por todas partes, pero no di con ella, lo cual era lo más lógico, después de todo, jamás la había visto con anterioridad por la base, y como es normal, el día del funeral de su padre tendría muchas cosas que hacer.<br /><strong>Maestre Lagos</strong> permitió que parásemos una hora y cuarto después, en un barrizal (no pudo encontrar lugar peor, sinceramente, aquel sitio apestaba a huevos podridos). Como es ya costumbre, él desapareció para echar un vistazo por el terreno, mientras que todos nosotros aprovechamos para descansar. <strong>Soria</strong> y yo encontramos un tronco que no estaba podrido del todo, y allí nos sentamos. <strong>Gordo</strong> y <strong>David</strong> se alejaron para vaciar sus vejigas, supongo, <strong>Taggar</strong> se tumbó en una piedra grande y plana para recuperar la respiración, y <strong>Liendre</strong> (el compa&ntilde;ero más pesado que he tenido jamás) se quedó de pie, escrutando el entorno. <br />Nunca he escrito sobre ellos, sobre los que quedan, y este es tan buen momento como cualquier otro. <strong>Soria</strong>, <strong>David</strong>, <strong>Gordo</strong>, <strong>Liendre</strong> y <strong>Taggar</strong>. Lo cierto es que tuve bastante suerte de caer en un grupo como éste. Un buen tutor, y unos buenos compa&ntilde;eros. No quiero ni imaginarme en el grupo del <strong>Maestre Danzer</strong>. <br /><strong>Soria</strong> es un buen tipo, supongo que es mi mejor amigo, es el típico payaso que cada grupo tiene. Cuando está presente hay que tener cuidado con lo que dices, de lo contrario hará algún comentario chistoso sobre ello, y acabarán todos riéndose de ti. Creo que soy una de las únicas personas que saben por qué se metió en la FAD, aunque se tomó su tiempo para confiármelo. <strong>Soria</strong> estaba prometido, uno de esos romances que duran desde la escuela. Ella se llamaba Laura, y eran vecinos, según él mismo, se enamoró de ella mucho antes de que tuviera memoria. No estoy seguro de poder recordarlo exactamente, pero creo que fue así como me dijo: &ldquo;No recuerdo ni un instante de mi vida en el que no estuviera enamorado de ella, por mucho que intente retroceder, no lo consigo, crecí amándola, y era lo único que sabía hacer bien, hasta que esos hijos de puta me la arrebataron&rdquo;. Un buen día, <strong>Soria</strong> y <strong>Laura</strong> salieron de la colonia, que por aquel entonces era muchísimo más grande. Hicieron un gran trayecto en moto, ni <strong>Laura</strong> ni él habían visto nunca el mar, y confiaban en poder verlo y regresar sin ningún tipo de contratiempos. La primera noche, se detuvieron en una peque&ntilde;a casa abandonada que parecía bastante segura, pero que realmente no lo era, mientras dormían los &ldquo;bultos&rdquo; entraron y llegaron al dormitorio sin hacer prácticamente ningún ruido. Mataron a Laura, y él salvó la vida de milagro, un grupo en prácticas pasaba la noche cerca y escucharon los disparos del revolver de <strong>Soria</strong>. Antes de que el grupo llegara, <strong>Soria</strong> pudo matar a ocho de esos malditos hijos de perra, sólo le quedaban cuatro balas más. Aquel viaje fue el acto más imprudente de su vida, y el más estúpido. Si aquello no hubiera sucedido, se hubieran casado un mes más tarde. Muchas ma&ntilde;anas al despertarme escucho a mi mejor amigo hablar en sue&ntilde;os, llama a <strong>Laura</strong>. Escucharlo me hace sentir enormemente desdichado, no quiero ni tan siquiera pensar cómo debe sentirse él.<br /><strong>Gordo</strong> es un tipo bastante simpático, siempre está con una sonrisa en la cara, sus motivos para alistarse en la FAD son bastante diferentes a los de <strong>Soria</strong>. <strong>Gordo</strong> no tenía elección. Su padre es el <strong>maestre Harlan</strong>, un tipo bastante serio. Se dice que su familia lleva unida al ejército desde hace muchas generaciones. El padre de Gordo apa&ntilde;ó su ingreso en el grupo de <strong>maestre Lagos</strong>, se rumorea que piensa que en este grupo está más seguro que en el suyo propio. No sé si realmente éste es el sitio en el que Gordo quiere estar, no obstante no lo hace nada mal, por lo visto lo lleva en los genes.<br /><strong>David</strong> a priori es un tipo bastante serio, sensato e incluso me atrevería a decir que modoso, pero nada más lejos de la realidad, al menos cuando se le conoce de verdad. <strong>David</strong> viene de una familia de agricultores, según sus propias palabras está en esto porque no hay ninguna otra cosa que realmente se pueda hacer actualmente, &ldquo;esto es la realidad, esto es lo que hay que hacer, si nos dedicamos a cualquier otra cosa estamos dando de lado al verdadero y único problema&rdquo;, estoy de acuerdo con él, pero sólo en parte. Tiene una puntería de mil demonios, dispara a un nivel muy superior al del resto.<br />La historia de <strong>Taggar</strong> es bastante triste, aunque no muy extensa. Era un bebé cuando los &ldquo;bultos&rdquo; atacaron su hogar, durante la lucha todo se prendió fuego, y estuvo a punto de morir calcinado, su padre, con su último aliento de vida logró ponerlo a salvo, aunque no del todo, puesto que tiene todo el cuerpo de cuello hacia abajo lleno de horribles quemaduras. Fue puesto en custodia en el orfanato - escuela de la academia de la FAD. Cuando cumplió los 16 a&ntilde;os se le dio la opción de seguir en la academia, y él la acogió. Nunca ha tenido muchos amigos, y por su actitud, diría que le trae sin cuidado. Es poco hablador, no suele empezar conversaciones. Pero por lo que realmente <strong>Taggar</strong> llama la atención es por su fuerza física, sería capaz de levantar el tronco en el que nos sentamos esta ma&ntilde;ana <strong>Soria</strong> y yo, con nosotros encima.<br />Por último tenemos a <strong>Liendre</strong>, a <strong>Roberto Liendre</strong>, el tipo más pesado que me haya echado jamás a la cara. Es prácticamente imposible cerrarle la boca, no escucharlo durante veinte segundos es un regalo del cielo. En muchas ocasiones el <strong>maestre Lagos</strong> ha dicho que es un milagro que aún siga con vida, pues su parloteo se escucha a kilómetros de distancia. Preguntarle por qué se encuentra en la FAD equivale a un suicidio, podría estar dándote razones durante días, y jamás terminar. Se le ha llegado a escuchar que su ingreso en la FAD viene motivado por: un tío fallecido suyo, aportar ayuda a la comunidad, buscar un lugar seguro para los hijos de nuestros hijos, volver al mirar al cielo con esperanza, y un largo etcétera. No es mal muchacho, en absoluto, sólo que equivocó la profesión, debería haber pululado por la rama de la política.<br />Éstos son los que quedan, pero compartieron el lecho con nosotros muchos otros, algunos a los que no llegué casi a conocer, y otros a los que sí, quizás otro día escriba algo sobre ellos.<br />Después de dejar nuestra improvisada base, en el lugar de la quintaesencia del barro, anduvimos durante varias hora más, no podría precisar cuántas, el dolor que me produce el acarrear el equipo reglamentario me hace olvidarlo todo, y sólo puedo pensar en insultos y en sacar fuerzas de la nada. Afortunadamente no hubo incidentes. Llegamos a una especie de pueblo abandonado hace mucho. Siempre me han resultado especialmente tétricas las calles de las ciudades abandonadas, y me consta que no soy el único que piensa así, la cara de <strong>Liendre</strong> era un poema al andar por aquellos callejones, cuando siente miedo es el único momento en el que permanece callado, lo cual es de agradecer, si no fuera porque yo también lo siento. No sabría especificar qué es lo que prefiero, si sentir miedo, o que se calle. Cuando <strong>Maestre Lagos</strong> encontró un lugar adecuado nos situamos para pasar la noche. Y aquí estamos, la primera y la última guardia siempre la hace <strong>Maestre Lagos</strong>, nunca duerme, quizás lo prefiera así, quizás le atormente algo. Me gustaría conocer también su historia, me gustaría ir hacía él y entablar una conversación, pero me mandaría de vuelta al nicho a las primeras de cambio. Sin darme cuenta se han quedado todos dormidos menos yo, &iquest;qué pensará <strong>Maestre Lagos</strong> al verme escribiendo hasta tan tarde?, espero que no piense que soy una especie de empollón o algo así.<br />Ma&ntilde;ana será otro día.</p>
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		<title>23 - Abril - 2058</title>
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		<pubDate>Sat, 18 Mar 2006 02:16:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Administrator</dc:creator>
		
	<category>El diario de Alexander Lem</category>
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		<description><![CDATA[	El diario de Alexander Lem
	Hoy ha llovido, me encanta cuando lo hace, por muchas razones, quizá la más importante sea que es extra&ntilde;ísimo ver &quot;bultos&quot; un día de lluvia, sólo Dios sabe por qué. Se ocultan como cucarachas. Desearía que estuviera siempre lloviendo, y no tener que volver a ver a uno de esos engendros, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p><strong><em><font color="#ff0033">El diario de Alexander Lem</font></em></strong></p>
	<p>Hoy ha llovido, me encanta cuando lo hace, por muchas razones, quizá la más importante sea que es extra&ntilde;ísimo ver &quot;bultos&quot; un día de lluvia, sólo Dios sabe por qué. Se ocultan como cucarachas. Desearía que estuviera siempre lloviendo, y no tener que volver a ver a uno de esos engendros, pero me temo que mi plegaria no llegará a buen puerto, ma&ntilde;ana el sol habrá salido de nuevo, y con él, esos esbirros del demonio. </p>
	<div>Me despertó el sonido de la lluvia contra la ventana. Me cuesta mucho imaginarme una forma mejor de despertarse que no incluya una mujer en la ecuación. Hoy no tuvimos caza, por lo que todos aún seguían en sus camas, la mayoría tapados hasta las orejas, y con poca expectación de despertarse temprano.</div>
	<div>
<div>Me extra&ntilde;ó que los que estaban haciendo la guardia en el barracón no me prestaran atención por salir con aquella lluvia, más tarde me percaté de que estaban más interesados en las dos fundas que traían consigo el pelotón nocturno. Parece ser que el grupo del <strong>maestre Ayose </strong>tuvo una muy mala noche. Dos cadáveres, y tengo entendido que su grupo ya era minúsculo anteriormente. Una pena, pobres muchachos, nadie se merece un final así. Siempre me ha caído bien el <strong>maestre Ayose</strong>, es un tutor bastante agradable, al menos comparado con otros. Durante mi adiestramiento en muchas ocasiones tuve que luchar contra él. En una ocasión, involuntariamente golpeé su &quot;zona frágil&quot;, cuando al rato tuvo fuerzas para levantarse me disculpó enseguida, si se hubiera tratado del <strong>maestre Dork</strong>, o del <strong>maestre Danzer</strong>, hubiera estado fregando letrinas durante varios meses.</div>
	<div>
<div>Me alejé todo lo que pude, sin salir de la colonia, lo cual no es mucho. Encontré una especie de cueva minúscula en la roca, y allí me acomodé como pude para poder seguir escuchando el sonido de la lluvia, que en aquel instante estaba aumentando. Me puse a pensar en mil cosas al mismo tiempo, como lo poco que me queda de borrego en los artilleros, si es que lo logro, puesto que ver escenas como la de las fundas no es nada agradable, y hace que el ánimo acabe por los suelos. No pude evitar pensar en las familias de aquellos dos muchachos, que si aún seguían con vida, serían informadas mediante una triste carta. Cuesta creer, que con los pocos que somos, aún hoy día se den este tipo de noticias con una carta, siempre he creído que eso multiplicaría el dolor, es más, se me ponen los pelos de punta de pensar en una madre, que abre asustada la carta, y confirma sus sospechas: su hijo ha muerto, ha perdido lo único que la ataba a esta mísera vida, a este calvario. Una mujer que levanta la mirada y no tiene nada a lo que agarrarse, sólo ese sobre de la F.A.D. que huele a muerte. No lo puedo soportar.</div>
	<div>
<div>Lo cierto es que no la oí llegar, menudo entrenamiento el mío. Después de todo aquel aluvión de pensamientos en su mayoría fúnebres apareció una compa&ntilde;era que parecía necesitar tanto o más que yo mi recién hallada cueva. No sé cual de los dos se sorprendió más de encontrar al otro allí. Estaba llorando, y no lo digo por las lágrimas, que doy fe que debían existir, pero se camuflaban muy bien entre las gotas de lluvia que corrían por todo su rostro. Lo digo por el rojizo tono de sus ojos, que competía con el logotipo rojo de su uniforme de la FAD. Su primer impulso fue marcharse, el mío fue decirle: &quot;te mojarás&quot;. Muy en cierta medida, es un comentario estúpido, por supuesto que se mojará, es más, ya estaba mojada, de arriba a abajo, pero lo cierto es que aquel comentario estúpido hizo que se quedara. Se sentó a varios palmos de mí, con la cabeza apoyada en sus rodillas, y allí continuó llorando durante bastante tiempo. Yo no sabía qué hacer, pensé que lo más apropiado sería irse, pero no lo hice. También pensé darle mi chaqueta, pero tampoco lo hice. Mi hermana Helen solía decir que si no se sabe lo que se debe hacer, mejor no hacer nada, y a eso me acogí, no hice absolutamente nada, ni tan siquiera mirarla. Y ella fue la primera en hablar.</div>
	<div>
<div>Sinceramente, me siento incapaz de reproducir tal cual la conversación como fue, no obstante haré lo que pueda, y supongo que no se me olvidará nada importante.</div>
	<div>
<div>- Disculpa - dijo, mientras se secaba las lágrimas - no sabía que estuvieras aquí.</div>
	<div>- Oh no, disculpa tú - dije atropelladamente, llevaba mucho tiempo conteniéndome y ahora las palabras salían a borbotones por mi boca - no sabía que solieras venir a este lugar, sólo estaba resguardándome de la lluvia, siento haberte incomodado.&nbsp;</div>
	<div>- No, en absoluto - de nuevo se hizo un largo silencio, pero al rato, continuó hablando - No vengo mucho por esta zona, suelo ir más allá de la arboleda.</div>
	<div>- &iquest;Más allá?, pero eso está fuera de los límites de la colonia&#8230;</div>
	<div>- Si&#8230;</div>
	<div>
<div>Y otro incómodo silencio más, menuda conversación de besugos. De repente caí: Esta muchacha debía ser pariente de alguno de aquellos dos muchachos que habían perdido la vida la noche anterior. En aquella ocasión fui yo el que rompió el silencio.</div>
	<div>
<div>- &iquest;Estás&#8230; bien? - me sentí un completo imbécil haciendo esta pregunta, por supuesto que no se encontraba bien, pero mi curiosidad era superior a mi instinto de parecer inteligente.</div>
	<div>- Yo&#8230; no, no, en absoluto, yo&#8230; hoy&#8230; - se tapó la cara con la palma de las manos, y me sentí fatal, como si fuera la peor cosa que hubiera hecho en mi vida, afortunadamente contestó - ayer murió mi padre.</div>
	<div>- Lo siento muchísimo, de verdad - &iquest;Su padre?, pensé, &iquest;cómo es posible?, no hay novatos que ronden los cuarenta.&nbsp;</div>
	<div>
<div>De repente, &iexcl;pum!, se hizo la luz, o más bien las tinieblas, en mi cabeza de granito.</div>
	<div>
<div>- &iquest;El <strong>maestre Ayose</strong>? - pregunté casi sin poder ni querer creérmelo, por varias razones. Primero: es muy extra&ntilde;o que caiga un maestre, y más teniendo en cuenta que las misiones y zonas encomendadas a los grupos de los maestres son las más sencillas, debido a nosotros los borregos. Segundo: esta muchacha era claramente asiática, y el <strong>maestre Ayose</strong> tenía de asiático lo que mi tutor de novato.</div>
	<div>- Si - ella respondió sin que apenas se le oyera.</div>
	<div>- Dios santo, no me lo puedo creer, lo siento muchísimo.</div>
	<div>
<div>Los días que empiezan demasiado bien se tuercen pronto. Cientos de kilos de duro pesimismo se habían echado a mis espaldas, no quería ni imaginar lo que tendría que sentir ella.</div>
	<div>
<div>- Tu padre era una estupenda persona - logre decir, saliendo de mi estado de sorpresa inicial.</div>
	<div>- &iquest;Lo conociste? - por primera vez me miró a los ojos, repentinamente su cara emergió de entre sus manos y se fijó en mí.</div>
	<div>- Sí, fue uno de mis adiestradores. Es uno de los maestres de los que guardo mejor recuerdo. - Por la cara que puso, supongo que le gusto mi comentario.</div>
	<div>- <strong>Maestre Long</strong> me visitó esta ma&ntilde;ana, y me lo comunicó, me dijo que mi padre había muerto, y que sin dudarlo, con el tiempo superaría su pérdida&#8230; &iquest;cómo se le ocurre decir algo así el mismo día que conozco la noticia? &iexcl;no soporto a este tipejo!</div>
	<div>- Yo tampoco lo trago, me parece demasiado embaucador, muy falso&#8230; - estaba a punto de despacharme a gusto sobre el primer maestre junto a una desconocida, decidí echar el freno.</div>
	<div>- Es un imbécil, un gordo, un inútil, un borracho - ella decidió no echarlo - un lameculos, un destripacerdos&#8230;. - me miró, y ambos sonreímos de la retahíla de insultos, su sonrisa no duró demasiado, pero me encantó.</div>
	<div>
<div>Poco a poco comenzaba a dejar de llover, y se respiraba ese olor a tierra mojada tan especial después de una buena lluvía. Nuevamente fui yo quien rompió el silencio.</div>
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<div>- El tiempo no hará que olvides lo que sientes ahora mismo - Ella no contestó, sólo me atendió - Sólo hará que transformes lo hay en tu interior, para bien o para mal.</div>
	<div>- &iquest;Has perdido a alguien? - me preguntó, interesada.</div>
	<div>- A mis padres, y a mi hermana, hace ya bastante tiempo.</div>
	<div>- Lo siento muchísimo - se volvió a llevar las manos a la boca, y se quedó mirándome con un encantador gesto de pena.</div>
	<div>- No te preocupes - contesté.&nbsp;</div>
	<div>
<div>Un silencio más, es como si nos hubiéramos enfrentado dialécticamente por asaltos. Y después de un corto plazo de tiempo, como en toda conversación improvisada, lo que tuvo que ir al principio se decanta por ir al final.</div>
	<div>
<div>- Mi nombre es <strong>Yaiza </strong>- dijo, tendiéndome la mano.</div>
	<div>- Yo soy <strong>Alex</strong>.</div>
	<div>
<div>Fue un extra&ntilde;o estrechamiento de manos, firme, y a pesar del frío ambiente, cálido. Duró sólo un instante, pero en cierta medida fue una eternidad. No me andaré por las ramas, me gustó. No obstante algo que no funciona bien en mi interior pensó que obraba mal de alguna manera, su padre acababa de morir, y ahí estaba yo, sintiéndome atraído por ella, olvidando su dolor. Y por estúpido que parezca, eso hizo que soltara su mano.</div>
	<div>
<div>Poco después se marchó, como había llegado, prácticamente sin darme cuenta. Pobre muchacha, seguramente será ella la que tendrá que dar la horrible noticia a su madre. Lo siento enormemente por ella.</div>
	<div>
<div>Cuando volví al barracón aún nadie conocía la noticia. Al llegar me encontré con Soria, que me dijo algo parecido a esto:</div>
	<div>
<div>- &iquest;Dónde has estado, huevón?</div>
	<div>- En el sitio en el que debía estar - contesté. Pidió explicaciones a mi comentario, pero no se las di, preferí mantener lo ocurrido hoy para mí.</div>
	<div>
<div>En el momento en el que estoy escribiendo esta entrada en mi diario parece ser que ya todos conocen la noticia. Maestre Ayose fue una gran persona, a pesar de que no mantenía ningún contacto con él actualmente&#8230; lo echaré de menos.</div>
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		<title>22-Abril-2058</title>
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		<pubDate>Thu, 16 Mar 2006 17:41:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Administrator</dc:creator>
		
	<category>El diario de Alexander Lem</category>
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		<description><![CDATA[	El diario de Alexander Lem
	Nunca antes había estado tan cerca de maestre Long como hoy, siempre lo había visto de lejos, y había escuchado su voz en megáfonos o altavoces. Lo cierto es que nunca fue un personaje de mi agrado, sé todo lo que significa para la colonia, no obstante siempre sentí hacia él [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p><strong><em><font color="#ff0033">El diario de Alexander Lem</font></em></strong></p>
	<p>Nunca antes había estado tan cerca de <strong>maestre Long</strong> como hoy, siempre lo había visto de lejos, y había escuchado su voz en megáfonos o altavoces. Lo cierto es que nunca fue un personaje de mi agrado, sé todo lo que significa para la colonia, no obstante siempre sentí hacia él una especie de repulsión. Digamos que siempre he pensado que es ese tipo de persona que persigue el poder, que necesita mandar para sentirse vivo, y que conste que no pongo ni un segundo en tela de juicio todo lo que es y ha sido, simplemente no disfruto cuando alguien tan sediento de mandato controla aspectos de mi vida. Y <strong>maestre Long</strong> lo hace, de mi vida, y de la del resto de borregos, de la del resto de artilleros, zapadores y escudos. Es, probablemente, la segunda persona con más poder de la colonia. Controla la F.A.D. (Fuerzas Armadas de Defensa).</p>
	<p>Esta ma&ntilde;ana cuando llegamos <strong>Soria</strong> y yo, algo más tarde de lo que deberíamos, para variar, <strong>maestre Long</strong> ya se encontraba allí, por supuesto fue una sorpresa, pero no dejamos que se nos notara. Nos aproximamos a las taquillas, y allí estaban ya todos los muchachos. El resto de ma&ntilde;anas hubieran sido un sinfín de golpes de taquilla y murmullos, hoy no se escuchaba nada, sólo la conversación entre <strong>maestre Lago</strong>s y <strong>maestre Long</strong>, al parecer no era yo el único interesado.</p>
	<p>No fue una visita oficial, era sabido por todos que <strong>maestre Long</strong> había sido el tutor de <strong>maestre Lagos</strong>, como él lo era ahora nuestro. Charlaron durante casi 20 minutos, sobre salud, sobre el emplazamiento de la nueva colonia, e incluso sobre el tiempo. Por la voz y la forma de hablar era obvio que <strong>maestre Lagos</strong> respetaba a su antiguo tutor, y ese respeto, quizás hizo que viera a <strong>maestre Long</strong> de otra forma. Incluso admito que sentí algo de envidia, &iquest;sería yo algún día como mi tutor?, es decir: &iquest;estaría yo allí de pie, charlando con <strong>maestre Lagos</strong>, teniendo mi propio grupo de borregos, siendo útil para la colonia y todo eso? Pero mientras todo esto cruzaba por mi mente, quizás sin quererlo me di cuenta de algo, después de tanta charla ninguno de los dos había sonreído. Quiero suponer, es más, deseo suponer, deseo creerme, que después de tantos a&ntilde;os juntos, tantos a&ntilde;os del respeto que se mostraban, nace una fuerte amistad, una fuerte amistad que ellos, lamentablemente, no nos proyectaban. Definitivamente no envidio lo que ellos tienen, si algún día estoy de pie con mi viejo tutor charlando, deseo ser su amigo, deseo reírme como si me fuera la vida en ello.</p>
	<p>La cacería fue todo un fracaso. No encontramos nada, pero <strong>maestre Lagos</strong> no parecía diferente: hacía su trabajo, como cada día. Duro, poco hablador, y con un ritmo jodídamente rápido. Cuando regresamos a la base desapareció. Supongo que tendrá cosas en las que pensar, cosas que recordar, quizás, después de todo, la visita de <strong>maestre Long</strong> le trajo recuerdos, quizás, ojalá, logre que algún día me los cuente.</p>
	<p><strong>Soria </strong>desapareció también por la tarde, anda detrás de alguna chica, como siempre. Yo preferí quedarme en el barracón leyendo, y en menor medida, escribiendo. Aún conservo los libros de mi época de estudiante, antes de decidir que quería ingresar en la F.A.D., me gustaría saber qué hubiera sido de mí si hubiera decidido seguir mi vida académica. &iquest;Sería historiador?, &iquest;profesor?, &iquest;político? Dudo que me hubiera inclinado hacia la vida política, pero antes de la muerte de mis padres y mi hermana &iquest;quién me hubiera dicho que sería artillero?</p>
	<p>Comienza a llegar gente al barracón, supongo que gastaré lo poco que queda de día charlando un poco.&nbsp;</p>
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		<title>21 - Abril - 2058</title>
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		<pubDate>Thu, 16 Mar 2006 11:20:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Administrator</dc:creator>
		
	<category>El diario de Alexander Lem</category>
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		<description><![CDATA[	El diario de Alexander Lem
	Ese estúpido de Carlo no para de llamarme &quot;cerebrito&quot;, debido quizá a los libros que transporto desde una colonia a otra. Estoy cansado de él y de sus tonterías, hace bastante tiempo que le hubiera partido la cara de no ser por maestre Lagos. Siempre he seguido su consejo, y, dentro [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[	<p><strong><em><font color="#ff0033">El diario de Alexander Lem</font></em></strong></p>
	<p>Ese estúpido de <strong>Carlo</strong> no para de llamarme &quot;cerebrito&quot;, debido quizá a los libros que transporto desde una colonia a otra. Estoy cansado de él y de sus tonterías, hace bastante tiempo que le hubiera partido la cara de no ser por <strong>maestre Lagos</strong>. Siempre he seguido su consejo, y, dentro de lo que cabe, no me ha ido demasiado mal.</p>
	<p>Bueno, hoy, 21 de Abril del a&ntilde;o 2058 comienzo este diario. No he conseguido comenzar de una forma más ceremoniosa, pues no soy escritor, y a decir verdad ni tan siquiera sé qué escribir. De hecho, puede ser que dentro de unas semanas éstas no sean más que unas cuantas hojas quemadas, como las de todos los libros de la biblioteca Hallman, hojas muertas en libros ardiendo con las que nos cruzamos al huir de nuestra decimotercera colonia hace dos semanas.</p>
	<p>Mi nombre es <strong>Alex</strong>, artillero, y, espero, dentro de unas semanas dejaré de ser novato. Que rápido pasa el tiempo cuando no dejas de moverte. Un a&ntilde;o, se dice pronto, pero mucho he tenido que correr en todo este tiempo para poder seguir en pie. Prácticamente 365 días desde que puse mi pie en las frías calles para, como un borrego, ser arrastrado de un lugar a otro intentado descubrir hervideros de esos hijos de puta. Lo cierto es que <strong>maestre Lagos</strong> tiene mucha más culpa que yo de que aún conserve mi culo dentro de los pantalones. En términos coloquiales: &quot;es una máquina&quot;. Lo he visto matar &quot;bultos&quot; con sus propias manos, entrar en casas atestadas de esos mamones y salir sin un solo rasgu&ntilde;o. Sinceramente, es un ejemplo a seguir. Lamentablemente no todos tenemos las dotes que él tiene para su trabajo. No creo que haya nadie como él.</p>
	<p><strong>Maestre Lagos</strong> es mi tutor, y aún teniendo un tutor tan jodídamente bueno las cifras son alarmantes. Hace un a&ntilde;o mi escuadrilla estaba formada por 13 artilleros novatos, de aquellos 13 borregos, hoy sólo quedamos 6. A pesar de lo terrorífico que pueden ser estos datos, <strong>Maestre Long</strong> los hubiera firmado de antemano, sin dudarlo. Francamente, el 50% es una cifra buena. Es una pena decirlo, pero es así. Son los tiempos que nos ha tocado vivir.</p>
	<p>Menguamos, desaparecemos terríblemente rápido, mientras que ellos se duplican cada a&ntilde;o. Hay muchos días en los que lo veo todo negro, en los que no encuentro una salida, en los que caigo al pozo negro de mi desesperación, &iquest;pero qué se puede hacer sino seguir? Supongo que la única fuerza que nos queda a muchos de nosotros es el instinto de supervivencia, y me aferraré a ello lo más fuerte que pueda, y durante todo el tiempo que un ápice de fuerza quede en mí.</p>
	<p>Me temo que esta primera entrada en mi diario no será todo lo extensa que me hubiese gustado, es ya tarde, y ma&ntilde;ana tenemos cacería. Creedme, no conviene tener sue&ntilde;o durante una de nuestras búsquedas.</p>
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